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Meditación

Eso Fue Así

Meditación

Después de todo, ¿qué finalidad tiene la meditación? Concentrar nuestra atención en Dios. Si la meditación nos hace pensar en nosotros mismos y no en Dios, entonces no cumple su finalidad y no vale la pena. Nosotros no meditábamos cuando estábamos con Baba. ¿Qué necesidad teníamos de meditar? Ya estábamos con Dios, no necesitábamos concentrar artificialmente la mente para pensar en Dios porque estábamos pensando naturalmente en Él en cada instante. Baba nunca le decía a la gente que dejara de meditar, pero nunca alentó a ninguno de nosotros a que meditáramos.

En los primeros años, en la etapa de Manzil-e-Meem, Baba acostumbraba a hacer que los mándalis meditaran temprano por la mañana durante una hora. En esa época yo no estaba ahí, pero supongo que, en lo que atañe a los pobres mándalis, la meditación no se concentraba tanto en Dios como en tratar de permanecer despiertos. Baba los tenía muy ocupados a todos, durante todo el día, y luego debían levantarse a las cuatro o cinco de la mañana, y no estaban acostumbrados a eso. Les era muy difícil permanecer despiertos. Si Baba los hubiera hecho levantar temprano y hacer alguna clase de trabajo físico, ellos podrían haberlo hecho, pero levantarse temprano y luego quedarse sentados en silencio durante una hora era demasiado y empezaban a quedarse dormidos. Fue así como Pendu se ganó su nombre. Ustedes saben que fue Baba quien lo llamó así. El verdadero nombre de Pendu es Aspandiar. Pero los mándalis solían recurrir a diferentes tácticas para permanecer despiertos en aquellas madrugadas. Algunos acostumbraban a pellizcarse y otros golpearse, y Pendu se balanceaba de un lado al otro. Cuando Baba y los mándalis fueron a Happy Valley por primera vez, antes de mudarse a Meherabad, Baba vio que Pendu se mecía hacia adelante y hacia atrás, y lo apodó “Péndulo”. Poco después lo abrevió convirtiéndolo en “Pendu”, y desde entonces ese ha sido su nombre.

Y aquella etapa de Manzil-e-Meem fue, hasta donde yo sé, la única en la que Baba hizo que sus mándalis meditaran. A veces las personas ven cuántas páginas tratan sobre la meditación en los Discursos, y piensan que Baba debió haber dado mucha importancia a la meditación, pero Baba dictó esos discursos para la posteridad, para la época en la que concluye el periodo del Avatar y Su presencia inmediata empieza a desvanecerse. Ese será el momento en el que la gente tendrá que recurrir una vez más a la meditación para concentrarse en el Señor. Pero ahora, si ustedes me lo preguntan, les diría que no la necesitan. Todo lo que ahora se necesita es que se decidan a pertenecerle a Él y a convertirlo en el compañero constante de ustedes, y si hacen eso, entonces descubrirán que están pensando siempre en Él, y que eso es la meditación en su forma más natural y elevada.

Pero una vez Baba nos hizo meditar. ¿Les gustaría escuchar esta historia? Estábamos en Satara. Éramos cinco y estábamos jugando a las cartas con Baba. Atardecía y lo recuerdo porque Baba nos llamó a los cinco para que estuviéramos con él a las cinco o cinco y media, no recuerdo la hora exacta. Acudimos todos y Baba nos sugirió que jugáramos a las cartas. Estábamos jugando y conversábamos amablemente como sucede habitualmente con las cartas cuando de repente Baba detuvo el juego y nos dijo que quería que meditáramos. Esto nos tomó por sorpresa.

Baba debió haber visto nuestro sobresalto porque empezó a explicarnos cómo quería que meditáramos. Nos dijo que aplaudiría tres veces.  La primera vez debíamos salir de la zona edificada y cada uno de nosotros tendría que encontrar un sitio conveniente para sentarse. Cuando Baba aplaudiera la primera vez, debíamos sentarnos, relajarnos, aquietarnos, y tratar de permanecer en silencio. Cuando lo oyéramos aplaudir por segunda vez, tendríamos que cerrar los ojos y empezar a meditar. Y cuando lo oyéramos aplaudir por tercera vez, se suponía que nos pondríamos de pie y volveríamos donde estaba Baba.

Pero todavía no teníamos idea de cómo debíamos meditar, por lo que Baba acudió en nuestro auxilio. 

–¿Cómo meditarán ustedes? –nos preguntó–. Para meditar deben pensar en Dios. Pero Dios es infinito y eterno, y entonces ¿cómo podrán imaginar esto? No podrán, porque eso está más allá de la mente. Entonces piensen en Dios como un fulgor omnipresente. Traten de presentar ante el ojo de sus mentes el cuadro de un océano cuya refulgencia es infinita y omnipresente, el cual es Dios. Un océano sin orillas ni fondo.

Entonces Baba nos miró y nos preguntó: 

–Pero si este océano refulgente es infinito y omnipresente, ¿dónde estarán ustedes? ¿En qué posición estarán? –No tuvimos respuesta para esto, pero Baba continuó diciéndonos–: Si imaginan este océano frente a ustedes, entonces no es infinito. Por lo que traten de poner ante el ojo de sus mentes a este refulgente océano infinito e imagínense dentro de él.  Están en medio de este refulgente océano infinito. Traten de representarse esto cuando mediten.

Así que con estas instrucciones salimos y cada uno encontró un lugar para sentarse y, como Baba nos había dicho, nos pusimos cómodos. Pocos instantes después oímos que Baba aplaudía. Me relajé, y estaba respirando de manera muy uniforme cuando, un rato después, oí que Baba aplaudía por segunda vez. Cerré los ojos y empecé a tratar de meditar tal como él acababa de indicarnos.  Representé totalmente alrededor de mí un refulgente océano infinito, y yo flotando en medio de él. Mentalicé fácilmente esta imagen y descubrí que yo había desaparecido rápidamente en este océano. Estaba empezando a disfrutar de esta sensación de perderme en este océano. No sé cuánto tiempo transcurrió. Aparentemente fue solamente un minuto o dos. Yo acababa de empezar a disfrutar realmente de esta sensación cuando oí que Baba aplaudía otra vez. Entonces abrí los ojos y volví a reunirme con Baba como lo hicieron los otros.

Baba nos dijo: 

–Nunca mediten así nuevamente. –Y volvimos a jugar a las cartas. Esa fue la primera y última vez que yo medité.


Pedir amor
Viajando con Baba